Santiago camina por las mañanas hacia el invierno
Santiago camina por las mañanas hacia el invierno con alboroto metálico y por las tardes como velorio sonámbulo al entierro de las espaldas cansadas
Los árboles enrojecidos se desvisten humildemente sobre las aceras
La palma de ninguna mano será reposo de ese fuego que se abandona para ser otra cosa
Nadie oyó el trino de un pájaro al despertar
Y desde el alba cien mil ojos han mirado en el iluminado fondo vacío de cien mil pantallas encendidas
Enrojecidas por el frío las manos del escolar no saben sino del manubrio de la bicicleta que guían hacia la escuela
Los sueños aún no se despegan de la nuca y aún no se corta el hilo de plata hasta la almohada
El perro pasa diligente en dirección contraria, acaso más sabedor del motivo de sus pasos que todos los hombres y mujeres
Que conducen y sintonizan la radio y dan instrucciones a sus hijos y miran en las pantallas y en vano en los espejos:
Seres demasiado rápidos para dejarse ver a sí mismos












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